Hace unos meses abrí mi propio proyecto y me encontré un Frankenstein.

Funciones que se pisaban entre sí. La misma regla de negocio copiada en siete sitios, divergiendo poco a poco. Procesos programados que se solapaban. Cambios que yo mismo había hecho sin mirar el resto de la casa.

Nada de eso saltó como un error el primer día. Eso es lo que tiene. Se va acumulando, calladito, hasta que un día mantenerlo se vuelve un campo de minas: tocas algo aquí y revienta allá, y no sabes por qué.

Me sonaba. Es el Excel de Mari, pero en software. El sistema que nadie entero entiende y que aguanta porque tres personas se acuerdan de cómo.

Aprendí a base de sustos

Lo aprendí como se aprende en una nave: a base de sustos. Y decidí trabajar al revés. Revisar a fondo antes de que falle, no después de que te haya parado la producción.

Estas últimas semanas he estado reparando ese sistema con IA. Y no, no ha sido “monta tu software en diez minutos” como vende medio LinkedIn. Ha sido lo contrario: lento, metódico y obsesionado con una sola cosa. No romper lo que ya funcionaba.

Te dejo lo que me llevo. No como teoría. Como cosas que he comido yo.

Lo difícil no es escribir código. Es no romper lo de al lado

La IA escribe rápido. Eso ya no es el problema. El valor está en saber qué no tocar.

La mayoría de los desastres estructurales no nacen de una línea mal escrita. Nacen de mover una pieza sin mirar todo lo que cuelga de ella. Por eso ahora, antes de cada cambio, lo primero no es escribir. Es entender qué afecta ese cambio. Mirar antes de tocar. Como cuando vas a cambiar una pieza de una máquina que lleva veinte años funcionando: primero miras qué arrastra.

Una regla, un sitio

Me encontré el mismo cálculo de coste copiado en siete sitios distintos.

Eso no es un problema hasta el día que cambias un precio. Lo cambias en seis, te olvidas del séptimo, y ese séptimo empieza a mentir. Sin avisar. Dando un número mal a alguien que se fía de él.

Centralizar eso no es elegancia de programador. Es supervivencia. Es la misma idea de toda la vida: el dato se mete una vez, en un sitio, y de ahí tira todo. Lo demás es esperar a equivocarte.

Un test en verde no te salva

En una de las revisiones, una herramienta automática me dijo “esto está roto, es crítico”. Lo comprobé yo mismo, a mano. Era falso. Lo que marcaba como crítico estaba bien.

El agujero de verdad era otro. Más pequeño, más escondido, y la herramienta ni lo olió.

Un test en verde te dice que pasa lo que tú previste. No lo que no previste. Y lo que te muerde casi siempre es lo segundo. Verificar a mano no es desconfiar de la máquina. Es hacer tu trabajo.

Los huecos silenciosos son los que muerden

Destapé gasto en APIs que el sistema ni siquiera estaba contando. No daba error. Simplemente no se veía.

Eso es lo peor de un sistema mal cosido. No te avisa a gritos, te sangra en silencio. Un coste que se va por un agujero que no sale en ninguna pantalla, mes tras mes. Como la fuga de aire comprimido en una nave: no hace ruido, no para la línea, y llevas medio año pagándola en la factura de la luz sin enterarte.

Por qué a ti te importa

Vengo de producción, logística y operaciones. No de programar. Y quizá por eso lo veo así: un sistema no es un montón de funciones que funcionan hoy. Es algo que otra persona tiene que poder entender y mantener mañana.

Si alguien te va a montar software para tu empresa, lo que te interesa de él no es la velocidad. Es si sabe lo que no debe tocar, y si lo comprueba con sus manos en vez de fiarse de la primera luz verde. Porque el que va a sufrir el Frankenstein dentro de un año eres tú, no él.

La IA no me ahorró pensar. Me ayudó a pensar mejor, más rápido y con menos puntos ciegos. Esa es la diferencia que no te cuentan en los hilos de “automatiza tu empresa en una tarde”.

Velocidad real no es prisa. Es método.

Menos humo. Más sistemas que aguantan el primer lunes.


Sigue tirando del hilo: por qué una demo que va no es un producto que aguanta, por qué montar el software con IA en 30 minutos no te da tu software y por qué la IA sin alguien que sepa es una bomba de relojería.

¿Tienes un sistema que ya nadie se atreve a tocar? Eso lo miramos en el diagnóstico de 14 días con garantía. Reviso a fondo antes de que te pare la producción, no después. Si no saco mejoras medibles, te devuelvo el dinero.